Yo soy de la nueva generación. Pero no de la de ahora, sino de la de hace unos años. Una generación que cuando tiene entre catorce y veinte años, el medio social le promete ser distinta a las anteriores generaciones, mejor, más libre, mas “in” (si me permitís la expresión), más solidaria, más ecologista, etc. En definitiva, más moderna, y esto, hoy en día, por alguna deformación del lenguaje, significa mejor.
Los jóvenes vamos a toda prisa, sin pararnos a pensar muy bien qué queremos, y eso es aprovechado por el medio consumista para vendernos una imagen falsa y parcial de la nueva generación. De manera que, cuando la gente tiene catorce años, es, casi de manera natural, idealista. Piensa en que el mundo se puede mejorar y siente fuerzas para ello. Poco después, después de unos cuantos años de contacto con el entorno, lo único que pensará será en tener un trabajo que le proporcione dinero para consumir los diferentes productos que conforman la sociedad del “bienestar” y, por supuesto, tiene demasiado miedo a perder esto como para arriesgarse a cambiar algo.
¿Cómo ha podido ocurrir esa transformación entre el idealista y el burgués? Sencillo. Años de decirte que eres de next generation si tienes un último modelo de móvil, si tienes ese coche tan chulo con CD, la ropa más moderna y, últimamente, si te pones un pendiente en cualquier parte. Todas las campañas publicitarias aprovechan este chantaje. O estás en lo moderno o no estás.
Así, el joven va quedando atado de pies y manos, y sus alas son cercenadas de cuajo. Lo único que les queda es admirar a algún viejo ídolo o movimiento que representó en algún momento la rebeldía y que, por caduco, ya no mueve nada más que dinero en términos de merchandising.
Yo propongo una real Next Generation. Una revolucionaria, que busque mejorarse y trabajarse en vez de consumir. Que busque la belleza y la verdad allí donde se encuentren, sin caducos prejuicios. Que sea capaz de esforzarse en pos de los demás y sea librepensadora y, por tanto, que actúe en total, plena y sincera libertad, sin tener que rendir pleitesía a las modas de turno. Gente que gaste su juvenil energía, no en consumir, beber o drogarse, sino en luchar por un mundo más justo. A estas personas se les iluminará la cara por el esfuerzo gastado en la búsqueda y consecución de esos actos nobles, sin necesidad de nada más para estar sencillamente felices.
No estoy prometiendo nada fácil, sino quizás todo lo contrario. En esta sociedad, agotada por su falta de voluntad, es necesario insuflar el aire sano de una nueva y real Next Generation, que, sin despreciar lo conseguido, no tenga miedo en buscar aquello que convierte el mundo de hierro en oro.
¿El motor de ese cambio? No ha de ser otro que la filosofía, amor a la sabiduría, que ha movido a tantos héroes en la historia a levantarse del mundo horizontal hacia el vertical luchando contra injusticias y maldades. Entender, concienciar, vivir y soñar. Filosofía.
Se presentan ante nosotros años interesantes, de cambios. Años en los que esa Next Generation, que ahora empieza a despuntar, hará historia y será recordada y admirada en el futuro.
¿Quieres sensaciones fuertes? ¿Quieres ser Next Generation? Atrévete.
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