Filosofía y humor

Anécdotas humorístico-filosóficas

Cuando en una ocasión le preguntaron a San Agustín qué hacía Dios antes de crear el mundo, contestó: “Estaba creando un infierno para las personas que hacen preguntas como esa”.


Se cuenta de Tales – según leemos en Platón (Teeteto 174a) – que, mientras se ocupaba de la bóveda celeste, mirando a las estrellas, cayó en un pozo. Se rió de él entonces una sirvienta tracia, diciéndole que mientras deseaba con toda pasión llegar a conocer las cosas del cielo, le quedaba oculto aquello que estaba ante su nariz y bajo sus pies. “Esta burla viene muy bien a todos aquellos que dedican su vida a la filosofía”, añade Platón.


El Gallo (Rafael Gómez Ortega), fue un torero español muy famoso, hermano del más famoso aún Joselito, que se relacionaba con lo mejor de la sociedad de su tiempo. Cierto día alguien quiso presentarle a Don José Ortega y Gasset y al preguntar quién era este señor le contestaron que era el más eminente filósofo español del momento. Entonces, el matador pidió que le explicaran en qué consistía su profesión. “Los filósofos se dedican a pensar” le contestaron. Asombrado, el Gallo contestó “Hay gente pa’ tó”.


Un profesor de física presentó un presupuesto millonario para la realización de un experimento, a lo que el decano le respondió: «Otro experimento… ¿es que no pueden apañarse con papel, lápiz y una papelera, como los matemáticos? …o como los filósofos que sólo necesitan papel y lápiz.


“El maestro estaba de un talante comunicativo, y por eso sus discípulos trataron de que les hiciera saber las fases por las que había pasado en su búsqueda de la divinidad.

Primero, les dijo, Dios me condujo de la mano al País de la Acción, donde permanecí una serie de años. Luego volvió y me condujo al País de la Aflicción, y allí viví hasta que mi corazón quedó purificado de toda afección desordenada. Entonces fue cuando me vi en el País del Amor, cuyas ardientes llamas consumieron cuanto quedaba en mi de egoísmo. Tras de lo cual, accedí al País del Silencio, donde se desvelaron ante mis asombrados ojos los misterios de la vida y de la muerte.

¿Y fue ésta la fase final de tu búsqueda?, le preguntaron.

No respondió, el Maestro. Un día dijo Dios: Hoy voy a llevarte al santuario más escondido del Templo, al corazón del propio Dios…

Y fui conducido al País de la Risa.”

“Historias Zen”, de Taisen Deshimaru

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