Nos salimos del tiempo lineal, que va acumulando nuestras experiencias cotidianas, y nos situamos en una dimensión de tiempo cíclico, que nos permite recuperar la potencia de los inicios y nos devuelve la vitalidad que el desgaste y el cansancio habían debilitado. Es el momento de hacernos las preguntas de siempre, las propias de los filósofos: de dónde venimos, hacia dónde nos dirigimos, cuál es la finalidad de nuestra existencia, los principios que la orientan, qué metas nos proponemos alcanzar.
Es indispensable que realicemos ese sencillo ejercicio espiritual y formulemos nuestros deseos más profundos, no los que proceden de nuestros caprichos primarios, sino los que nacen de nuestra alma, que nos solicita situarnos en armonía con nuestros ideales, con nuestras aspiraciones más valiosas. Preguntarnos por lo que de verdad importa, por los valores que nunca quisiéramos perder, por lo que permanece, frente a lo que cambia y se desvanece en la nada.
Nuestros quehaceres cotidianos habituales merecen también un revisión, ahora que está todo por hacer, pues no siempre sostenemos una armonía entre nuestras más caras aspiraciones y la dirección que damos a nuestros esfuerzos, cada día, a menudo gastados o desperdiciados en actividades que no se encuentran alineadas con nuestras finalidades, afirmadas y vueltas a formular en el momento mágico del año nuevo.
La filosofía es el hogar de las preguntas que surgen de la mente humana, un…
Introducción Hay muchas ocasiones en que la vida se nos presenta como una apasionante partida…
En la pequeña aldea de Deir el-Medineh, situada en la orilla occidental del Nilo, a…
El descubrimiento de un santuario consagrado a Melkart, el Hércules fenicio, al pie del Peñón…
Como torres vigilantes se yerguen en nuestra ciudad de Córdoba. El viento hace susurrar su…
Introducción Uno de los motivos de este trabajo ha sido, partiendo del magnífico monumento que…