Reflexiones breves

Internet y nuestros cerebros

Harold Innis, maestro del estudioso de la comunicación, Marshal Mc Luhan, ya observó en los años 40 del siglo pasado que los cambios que se habían producido en los modos de almacenar el conocimiento a lo largo de la Historia habían sido más fuertes y duraderos que los causados por la política y las revoluciones y afectaron a la manera de interpretar el mundo, creencias y habilidades cognitivas.

Siguiendo su ejemplo, desde hace algún tiempo los expertos en neurociencias vienen ofreciendo resultados de investigaciones y reflexiones acerca de los posibles efectos que las nuevas tecnologías están produciendo en nuestra actividad cerebral.

Una de las primeras y más citadas, realizada por psiquiatras de la Universidad de Los Ángeles descubrió que los usuarios asiduos de la red registran mayor actividad en la zona del cerebro en la que se gestiona la memoria a corto plazo y la toma de decisiones, es decir que tales hábitos nos hacen más ágiles mentalmente, pero sin embargo disminuye nuestra capacidad de concentración, memoria y reflexión. Otros estudios demostraron que las habilidades desarrolladas en el contacto con Internet se mantenían fuera de la red, de tal manera que los efectos neuronales no estaban solo relacionados con las prácticas “on line”, perfilándose así una manera nueva de conocer, más abierta y dinámica, pero también más superficial y fragmentada.

La reciente obra de Nicholas Carr (“Superficiales. Qué está haciendo Internet con nuestras mentes”, Taurus, 2010) ha vuelto a llamar la atención sobre este asunto en todo el mundo. “Internet nos incita a buscar lo breve y lo rápido y nos aleja de la posibilidad de concentrarnos en una sola cosa. Lo que yo defiendo en mi libro es que las diferentes formas de tecnología incentivan diferentes formas de pensamiento y por diferentes razones Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración”, declaraba hace poco el autor al diario “El País”.

Quizá estemos todavía bajo los efectos de algo nuevo, demasiado sometidos por las tecnologías, que tanto nos distraen y poco a poco se hará necesario desarrollar técnicas de concentración, nuevas disciplinas que nos puedan liberar de esos  condicionamientos.  No está de más recordar que para las escuelas de pensamiento de Oriente la concentración es la condición indispensable para una mente despierta, para una voluntad libre, que sabe a dónde se dirige, indispensable para que la vida tenga sentido y finalidad. Si perdemos esa posibilidad habremos descendido en la calidad de lo humano, por mucha tecnología que manejemos.

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