Cirene, Grecia, s. III a. de C.
Es Lacides el único filósofo que sepamos cediese en vida su escuela a otro, como efectivamente lo hizo, entregándola a Telecles y a Evandro, ambos focenses. A Evandro sucedió Hegesino Pergameno, y a este Carnéades.
Tenía su escuela, la Academia, en el huerto que había hecho el rey Átalo, que por su nombre lo apodaban Lacidio.
Fue hombre severísimo, y tuvo no pocos imitadores. Desde su juventud fue amante del trabajo y pobre; pero muy agradable y dulce en la conversación. Dícese que era muy particular acerca de la economía; pues cuando sacaba alguna cosa de la despensa, sellaba la cerradura y arrojaba el anillo del sello por un agujero dentro de la despensa misma, a fin de saber siempre lo que tenía en ella.
Gracioso es lo que se cuenta de Lacides: habiéndolo Átalo llamado a su casa, dicen que respondió: «Las imágenes de los reyes se deben mirar de lejos». A uno que se dedicó muy tarde a la geometría, y le preguntó a Lacides si era ya tiempo de ello, este respondió: «¿Y por qué no ha de ser todavía temprano?».
Murió, el año IV de la Olimpíada CXXXIV, después de veintiséis años de escuela. Murió de parálisis.
Extraído de Vida de filósofos ilustres
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