Afortunadamente, la red de redes nos ofrece abundantes posibilidades de comprobarlo pues en ella encontramos historias que de otra manera no hubiéramos podido conocer.
De todas ella, merece la pena que nos fijemos en quienes dedican su tiempo de descanso a las causas generosas y solidarias, de servicio a la comunidad. Son los que acuden a lugares apartados para reforzar la labor de las organizaciones de asistencia social o sanitaria, los que participan en campos de recuperación de piezas valiosas del patrimonio histórico artístico, los que se ofrecen voluntarios a vigilar espacios naturales y evitar que perezcan por el fuego… Sería interminable la lista de causas solidarias que en estos momentos están movilizando a miles de jóvenes en todo el mundo.
Esa fuerza de trabajo generosa y vital, en muchos casos desconocida para la mayoría, está haciendo que nuestro mundo sea un poco más habitable y humano. Saber que existe, participar en ella, cada cual en su propia medida nos devuelve la esperanza, tras el desaliento que produce la barbarie y el fanatismo.
Ahora más que nunca hacen falta idealistas dispuestos a la acción, que comprendan aquella vieja máxima filosófica: «mejor es vivir por la Humanidad que morir por ella».
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