La filosofía es el hogar de las preguntas que surgen de la mente humana, un lugar donde algunas de ellas encuentran respuestas y otras se arrebujan frente al fuego para que les hagamos compañía y conversemos. Quizás la pregunta que más horas de diálogo nos ofrece tiene que ver con la muerte y sus misterios, otra es la pregunta sobre el sentido de la vida, otra la existencia del mal en el mundo. Junto a estas tiene también relevancia la pregunta ¿Qué es la vida? Existe una gran variedad de definiciones del término “vida”, a veces muy distantes entre ellas debido al uso de diferentes criterios para catalogar las propiedades necesarias y suficientes que debe tener una entidad para ser considerada viva. Incluso habría que aclarar si nos referimos a la vida como un fenómeno o como una propiedad de un organismo individual. Este artículo se centra solo en esta segunda acepción de la vida y no en la vida como oleada de manifestación, ni como prana, una de las energías que el Logos pone en juego en la segunda emanación. Aun así para responder a esa pregunta deberíamos ser capaces de separar claramente ¿qué es lo esencial y qué es lo accidental en un ser vivo?

Algunos biólogos no lo consideran posible, otros lo consideran inútil, y otros hacen de esta búsqueda un objetivo de su investigación. Hay quienes se centran en los aspectos materiales y quienes en los aspectos formales. Algunos buscan moléculas complejas para definir cuál es la primera molécula que podemos consideramos viva, otros se centran en la organización, en qué procesos estructurales consideramos que están vivos.

Hace un siglo estaban en pugna el vitalismo y el mecanicismo. El mecanicismo tradujo los procesos orgánicos a explicaciones mecánicas y químicas, a su base molecular. El vitalismo en cambio consideraba que la vida es irreducible a cualquier categoría extraña a ella misma. La biología teórica evolucionó en estas dos líneas la biología molecular y la tradición organicista de Bertalanffy, J.H.Woodger, J. Needham, C.H. Waddington.

Una de las grandes revoluciones de la biología que apoyó a la biología molecular tuvo lugar en 1953. Con los datos de difracción de rayos X proporcionados por Rosalind Franklin, James Watson y Francis Crick propusieron el modelo de la doble hélice de ADN para representar su estructura tridimensional. Por otro lado la versión formalista ha sido el camino que ha seguido el desarrollo de la inteligencia artificial donde se afirma que un sistema artificial está vivo si presenta todas las características de la vida, por tanto, para esta opinión la vida no depende del material del que un ser esté hecho, sino de sus propiedades funcionales.

El organicismo ha sido una posición que trata de superar la confrontación histórica entre el vitalismo y el mecanicismo, considera que el elemento fundamental de la biología es el organismo, que es un todo no reducible a sus partes, y trata de fundamentar en él las explicaciones de los procesos de la vida. Concuerda con el primero porque le da importancia a la globalidad, al conjunto del sistema y la necesidad de diferentes niveles en las explicaciones de la organización de los seres vivos, pero mantiene la creencia de que los procesos deben tener explicaciones materiales. Algunos biólogos Moreno, Etxebarría & Umerez (1995) han sostenido que en los seres vivos se da un entrañamiento entre materia y forma, ninguna por si sola es suficiente para caracterizar la vida.

Antonio Diéguez (2008) señala dos aspectos fundamentales de los seres vivos: el tratamiento de la información (autorreproducción) y la autonomía (autorregulación, metabolismo) que corresponden a dos enfoques: uno que enfatiza la importancia de la información en la línea darwiniana de la capacidad de replicarse, y otra que enfatiza la capacidad para automantenerse y constituir la propia identidad, estas dos formas caracterizan también las dos principales corrientes que existen acerca del origen de la vida.

El metabolismo es una característica que no puede ser traducida en términos informacionales o computacionales. El metabolismo es un concepto difícil de definir. Si lo entendemos en el sentido amplio de intercambio de materia y energía, una reacción química, una explosión atómica o un fuego son un proceso metabólico. En biología usualmente se entiende de forma más restrictiva, como una síntesis o degradación química de moléculas complejas catalizadas por enzimas. Con esta restricción se desplaza la cuestión a una propiedad material, pero ¿no será esta condición demasiado restrictiva? sobre todo para la búsqueda de vida en otro lugar del universo donde la vida quizás no es tal y como la conocemos en la Tierra.

El enfoque informacional centra su atención en los mecanismos de variación y herencia porque es donde se almacena y transmite la información, aunque no responde a cómo se mantiene a sí misma en el tiempo. Cuando los investigadores se centran en este aspecto teorizan que la vida surgió primero de un polímero portador de información (ARN o APN ácido péptidonucléico) capaz de replicarse a sí mismo, pero no de metabolizar.

En el enfoque autoorganizativo definido por Maturana y Varela en 1973 la mínima organización viviente es aquella que continuamente produce los componentes que la especifican y se constituye como una unidad en el espacio y el tiempo. Y en este caso la reproducción sería una complejificación adicional a la unidad autopoiética -significa en griego fabricación propia-, necesaria debida a las constricciones de las condiciones del medio. La célula como organismo mínimo está en el centro de los intereses de esta biología, y como es común a toda la vida se consideró que su estudio se podrá extrapolar a sistemas más evolucionados. El sistema se organiza a sí mismo y no hay un componente que controle los demás, se propone la noción de cierre operacional, describiendo la relación plástica de los seres vivos y su entorno a través de la membrana. La idea está relacionada con la noción kantiana de teleología interna. Stuart Kauffmann ha destacado que la vida es un proceso continuo de autoconstrucción metabólica, y le han apoyado Lynn Margulis y Dorios Sagan, para quienes el ADN aunque se replique no está vivo porque no es autopoiético. Cuando los investigadores se centran en este aspecto teorizan que el origen de la vida son un conjunto de reacciones mutuamente catalizadas (metabolismo) sobre superficies minerales o en vesículas aisladas por una membrana y la reproducción empezaría siendo una mera prolongación de la autocatálisis.

La limitación más importante de este segundo enfoque está en determinar cuál debe ser el grado de autonomía necesaria para considerar vivo a un ente determinado, porque si somos estrictos ningún organismo es completamente autónomo, necesitamos de otros organismos, los seres humanos por ejemplo necesitamos bacterias en la biota intestinal…

Ninguno de los dos enfoques es capaz de explicar completamente la vida por ello se ha intentado integrarlos en uno más general que encuentre una conexión profunda entre ellos, la vida no es una cosa, sino dos: metabolismo y replicación que o bien surgieron juntas o bien por separado pero se unieron para formar vida. Apuntando como requisitos mínimos para la vida:

  1. Capacidad para autorreplicarse. No está viva una entidad que para autorreplicarse necesita de otro organismo, un medio favorable o un soporte físico, véase virus, macromoléculas como ADN y organismos virtuales. Por otro lado los organismos híbridos estériles sí están vivos, y quizás las formas más primitivas de vida no posean un sistema de transmisión de la herencia,
  2. Capacidad para evolucionar de forma abierta. Esta caracterización solo es aplicable a grupos de organismos ya que los individuos no evolucionan biológicamente, evolucionan las poblaciones.

Tenemos las definiciones de Farmer&Belin (1992), y la del manual de Zoología de Hickman, Roberts &Larson (1998), que tratan de enumerar todos los requisitos:

  1. Orden estructural jerarquizado y organización compleja mantenidos durante un tiempo.
  2. Capacidad autoreproductiva con producción de variedades heredables que implica capacidad de evolución.
  3. Almacenamiento de información en un programa genético.
  4. Posesión de un metabolismo.
  5. Interacción con el medio ambiente.

Pero hay otro tipo de caracterizaciones como las que provienen de Schrödinger (1944) y Prigogine (1980), donde los seres vivos son sistemas alejados del equilibrio termodinámico, capaces de mantenerse con baja entropía y que tienen una gran cantidad de información. El único problema es que no es exclusiva de los seres vivos, por ejemplo: una estrella, un tornado. O la caracterización de Korzenievwski (2001), una definición formal que se dirige al núcleo esencial, un ser vivo es “un sistema de feedbacks negativos inferiores subordinado a un feedback positivo superior”, es decir los seres vivos poseen gran cantidad de mecanismos regulatorios para mantener la identidad del individuo. Esta propuesta además de ser muy abstracta para ser usada por el biólogo, incluye a algunos virus, formaciones nubosas, el fuego, el movimiento tectónico, un determinado tipo de robot…

La definición que Diéguez cita como la más elegante y completa es la de Ruiz-Mirazo, Peretó &Moreno (2004): Un ser vivo es un sistema autónomo con capacidades para una evolución abierta, para ello posee los requisitos:

  • Un límite activo semipermeable (membrana).
  • Un aparato de transducción /conversión de la energía.
  • Dos tipos de componentes macromoleculares interdependientes, uno capaz de catalizar los procesos de autoconstrucción y otro capaz de almacenar y transmitir información.

Como vemos en general los científicos consideran que hay rasgos objetivos que marcan una separación entre lo vivo y lo no vivo, que haya casos dudosos no implica que la clasificación sea arbitraria. Pero persisten las dificultades para encontrar una definición de la vida y esto ha planteado la cuestión de si la vida es un género natural -aquello que puede caracterizarse mediante un conjunto de propiedades necesarias y suficientes-, o una clase convencional -que depende exclusivamente de los seres humanos y no de una base objetiva en la naturaleza. Si las fronteras de la vida fueran irremediablemente borrosas por la gradualidad de cambio, entonces podríamos hablar de una decisión por convención o interés clasificatorio. Pero de momento no se han descubierto esos límites borrosos, no hay ningún caso intermedio entre virus y bacterias por ejemplo, que es uno de los casos en conflicto. Me sumo a la opinión de Diéguez que considera que la vida es un género natural pero entendiendo que habrá que buscar qué es la vida más allá de la materia y la forma.

Así la vida aunque género natural quizás no es caracterizable mediante un conjunto de propiedades necesarias y suficientes, lo único que de momento tenemos es una descripción fundamentada y con poder explicativo. Dijo Nietzsche que lo que tiene historia no puede tener definición, la vida ha tenido historia, una historia de la que no conocemos las fronteras, quizás por ello no podemos definirla, nos conformamos con enumerar sus propiedades y aceptar que la “esencia de la vida” siga en el misterio.

 

 

Bibliografía

Diéguez, Antonio (2008); ¿Es la vida un género natural? Dificultades para lograr una definición del concepto de vida; ArtefaCToS, vol. 1, n.º 1, noviembre 2008, 81-100

Farmer, J. D. & Berlin, A. (1992). “Artificial Life: The Coming Evolution”. En: Langton et al., Artificial Life II. Redwood City, Cal.: Addison-Wesley, pp. 815-833.

Hickman, C. P., Roberts, L. S. & Parson, A. (1998). Zoología, Madrid: McGraw Hill, 10ª ed.

Korzenievwski, B. (2001). “Cybernetic Formulation of the Definition of Life”. Journal of Theorical Biology, 209, 275-286.

Moreno, A., Etxeberría, A. & Umerez, J. (1995). “Universality Without Matter?”. En: R. Brooks y P. Maes (eds.). Artificial Life IV. Cambridge, MA.: The MIT Press, pp. 406-410.

Ruiz Mirazo, K., Peretó, J. & Moreno, A. (2004). “A Universal Definition of Life: Autonomy and Openended Evolution”. Origins of Life and Evolution of the Biosphere, 34, 323-346.

 

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