“A la pregunta fácil de ¿por qué emigran los hombres?, podemos oponer el otro interrogante: ¿por qué todo en el Universo se mueve y viaja? En verdad todo se mueve, se transforma y cambia. Desde las galaxias hasta los microscópicos glóbulos rojos de nuestra sangre. La humanidad no ha sido una excepción.” Jorge Á. Livraga

Introducción

Desde la más remota antigüedad los desplazamientos humanos han sido una constante a lo largo y ancho del planeta. Catástrofes naturales que provocaron hambrunas o enfermedades empujaron a los supervivientes a buscar otras tierras. Las religiones en expansión organizaron peregrinaciones, conquistas y colonizaciones. Millones de refugiados tuvieron que buscar asilo a causa de las guerras. Las convulsiones políticas forzaron al exilio a miles de personas. Todo tipo de mejoras económicas, en cualquier época y lugar del mundo atrajeron poderosamente a empresarios, trabajadores y oportunistas. En resumen, nos resultaría difícil encontrar algún acontecimiento memorable en la historia de la humanidad en el que no apareciese una migración.

Sin embargo, el desconocimiento de la historia, o tal vez el miedo a los cambios sociales hacen del fenómeno de la migración una de las principales preocupaciones de los habitantes del “Primer Mundo”, culpando a los inmigrantes de las largas listas de espera en los hospitales, de la falta de plazas escolares, del paro, de la delincuencia… Evidentemente, todos los problemas se agravan cuando hay más población a la que atender. No podemos cerrar los ojos al hecho de que en las grandes migraciones se trasladan todo tipo de personas (y con todo tipo de intenciones, desde el que solo busca subsistir hasta el que ve la ocasión de enriquecerse a costa del sufrimiento de otras personas), pero debemos recordar que hace unas décadas, cuando España todavía no albergaba un número importante de extranjeros, se culpaba de las mismas carencias a los individuos procedentes de otras regiones.

Seguramente cada uno de nosotros contamos con amigos, compañeros de trabajo o vecinos de distintas procedencias. Tal vez nosotros mismos nos encontremos en esa situación, lejos de nuestro lugar de origen, y todos habremos experimentado el hecho de que cuando el inmigrante tiene para nosotros un rostro definido, un nombre concreto y nos unen con él lazos de cariño, desaparecen de nuestra mente las diferencias y ese miedo se suaviza. Entonces las preguntas se agolpan en nuestra mente y deseamos saber por qué tuvo que abandonar su país, su hogar, y correr la aventura muchas veces incierta de rehacer su vida en otro lugar. Necesitamos conocer las causas concretas que impulsan a las personas a desplazarse en busca de nuevas esperanzas.

El último milenio

La superpoblación es una de las causas de las migraciones humanas. En el siguiente cuadro aparecen las cifras aproximadas de población mundial junto a los hechos migratorios más relevantes.

  • 1000 d. C.: 300 millones de habitantes en el planeta en el año 1000.
  • 1100: 330 millones en el año 1100. Los mongoles invaden Irán, Iraq y parte de Rusia, India y China.
  • 1200: 380 millones. Expansión musulmana en Siria, Iraq y norte de África.
  • 1300: 420 millones. La peste mata en Europa a más de ¼ de la población.
  • 1400: 460 millones. Expulsión de 200.000 judíos y musulmanes de España.
  • 1500: 500 millones. Se fundan colonias españolas en América. Las principales potencias europeas establecen puestos comerciales y explotaciones mineras en África. Empieza el tráfico de esclavos africanos hacia América.
  • 1600: 600 millones. España expulsa cerca de 300.000 moriscos.
  • 1700: 720 millones. Los avances médicos, como la vacunación contra la viruela, reducen las tasas de mortalidad. La población aumenta el 40% durante el s. XVIII.
  • 1800: 1.000 millones. Millones de chinos se trasladan a otros lugares de Asia y a América. Paupérrimas cosechas en Irlanda y en otros países de Europa provocan la mayor migración de la historia: entre 1840 y 1910, unos 17 millones de europeos cruzan el Atlántico hacia América. Prosigue el tráfico de esclavos africanos: entre 10 y 12 millones son trasladados al nuevo mundo y otros 4,3 millones hacia Oriente Medio. Al acabar el siglo la población mundial se ha incrementado en un 70% gracias al desarrollo de la medicina.
  • 1900: 1700 millones. Este siglo lo trataremos en el siguiente punto.
  • 2000: 6.000 millones.

La ONU estima que para el año 2050 seremos entre 7.700 y 11.200 millones de humanos en el planeta, inevitablemente esto nos trae una serie de preguntas: ¿Habrá alimento para todos? ¿Tendremos bastante agua dulce? ¿Estarán las necesidades básicas cubiertas en todos los continentes? ¿Podremos crear bastantes puestos de trabajo?

Thomas Malthus, economista y demógrafo británico, publicó en 1798 un tratado en el que explicaba cómo la superpoblación podía provocar una catástrofe colectiva. Aunque hasta hoy las cosas no han sucedido exactamente como pronosticó, sus palabras pesan como una losa sobre algunos planes para el futuro en cuanto a la erradicación de la pobreza.

“La Ley de Malthus se cumple inexorablemente. Hoy las tres cuartas partes de la población mundial están en subdesarrollo y cada año es peor. Esta explosión más temible que la de cien bombas atómicas, puede desencadenar migraciones de desesperados y penetraríamos muy rápidamente en una nueva Edad Media”. Jorge Á. Livraga.

Último siglo

Cuando los medios de comunicación traen ante nuestros ojos todo tipo de calamidades: el drama humano de las pateras, los campos de refugiados, las víctimas anónimas de innumerables guerras, el dolor de quien ha perdido a sus seres queridos, se encoge nuestro corazón por un momento. Sin embargo nos hemos inmunizado de tal manera ante estas imágenes que, ante el informativo de mediodía, seguimos comiendo sin que se vea afectado nuestro apetito. Así, al finalizar las noticias y con ellas las imágenes, también termina nuestro cargo de conciencia, y seguimos con nuestros quehaceres cotidianos hasta que otro impacto visual nos hace pensar de nuevo en ello.

Pero ¿hasta qué punto tenemos los habitantes del “Primer Mundo” la culpa de lo que le ocurre al resto? Veamos tan sólo unos ejemplos:

Colonias

La mayoría de los actuales países de Asia y África fueron durante siglos colonias europeas. Expoliaron a estas tierras de sus recursos naturales y humanos, dejando a sus habitantes en peores condiciones socioeconómicas de lo que estaban, pues sembraron una serie de odios de los que hoy somos testigos. Al tomar conciencia los lugareños de que la relación con Europa no resultaba tan beneficiosa, comenzó un forcejeo para desprenderse de su tutela, y esto fue posible al finalizar la segunda guerra mundial, momento en el que la debilitada Europa no pudo retener por más tiempo sus colonias.

Libia fue una colonia italiana, Mussolini la denominó “cuarta costa de Italia”. Durante su ocupación los italianos embellecieron Trípoli y excavaron las ruinas romanas. Pero también mataron, como mínimo, a la cuarta parte de los habitantes, pues la resistencia a la ocupación fue larga y violenta.

Francia consideró a Argelia como una provincia más durante su ocupación, pero solo administrativamente. El pueblo autóctono era considerado francés, pero para hacer valer ese derecho debían cumplir una serie de requisitos prácticamente inalcanzables. El 90% de la población autóctona era analfabeta, y el 75% se dedicaba a la agricultura en pésimas condiciones. Dichas personas fueron “invitadas” por el gobierno de la República a trabajar para recuperar el país al terminar la Segunda Guerra Mundial, evidentemente con sueldos muy bajos. Acudieron miles de inmigrantes procedentes de Senegal, Mauritania, Costa de Marfil, Mali, Argelia… como mano de obra barata.

Oficialmente se acabó el tiempo de las colonias, sin embargo se ha originado otro tipo de dependencia de los países del “primer mundo” en áreas africanas. El petróleo ha sido fuente de corrupción, pobreza y guerra en los países principales productores subsaharianos. No tenemos más que observar a Nigeria, Guinea Ecuatorial, Congo, Gabón o Angola para comprender por qué en África el petróleo se asocia con problemas y nunca con soluciones. Los gobiernos de los estados productores reciben un porcentaje que no excede más del 20% de los beneficios del petróleo. Pero con ello no se combate la pobreza, estos países siguen estando entre los más pobres del mundo. ¿Dónde va a parar ese dinero?

Librados a su suerte

Sudán es el país más grande en extensión del continente africano. El sur tiene un clima tropical y está poblado por grupos de tradición africana. El norte es más seco y más rico, habitado por creyentes del Islam. Antes de conseguir la independencia de Gran Bretaña en 1956 estalló una guerra civil que todavía sigue. Originalmente Sudán no era un país, sino dos, que fueron unidos a la fuerza por las fronteras coloniales. Enemigos tradicionales los habitantes del norte capturaban a jóvenes del sur para venderlos a los traficantes de esclavos.

Desgraciadamente la situación apenas ha cambiado, pues los jóvenes sureños siguen siendo raptados para combatir contra su propio pueblo, dirigidos por el ejército que, evidentemente, está bajo el control del norte. Frecuentemente los aviones del gobierno bombardean cultivos y ganados de los habitantes del sur para dejarlos sin alimentos y obligarlos a comer hojas de los árboles, dieta que los deja desnutridos e indefensos ante las enfermedades.

Se calcula que más de 2 millones de personas han muerto, y unos 4 millones de sudaneses han sido desplazados por la violencia y el hambre. Lo peor de todo es que estos abusos se desarrollan en el más absoluto silencio por parte del resto del mundo.

“Mandar dinero a casa”

Somalia fue colonizada por Gran Bretaña en el norte y por Italia en el sur. Cuando el país consiguió la independencia, subió al poder un sanguinario dictador. Una revuelta nacional lo derrocó en 1991 y Somalia cayó en manos de los señores de la guerra (caudillos militares surgidos durante la revuelta), que expoliaron al país para financiar sus ejércitos particulares.

Además de los doce años de guerra, la sequía, la inflación, y el veto de exportación de ganado sospechoso de transmitir la fiebre del valle del Rift, ha dejado a las gentes con pocos medios de supervivencia. Actualmente la principal exportación somalí es el carbón vegetal, el problema es que se talan y queman los bosques sin ningún tipo de control para convertirlos en el preciado combustible. Así, el desierto va ganando terreno al perderse la humedad que retenían los árboles, cada vez es ms difícil cultivar y criar ganado.

Existe otra fuente de dinero en Somalia: hay más de un millón de somalíes trabajando en otros países que mandan grandes sumas de dinero para aliviar la situación de sus familias.

“¡Que aprendan a cultivar!”

Esta exclamación bastante frecuente suele brotar de los labios de personas poco informadas o totalmente irreflexivas que ignoran una triste realidad. Y es que son tantas las guerras civiles que asolan África ecuatorial que cuando no son las hordas de refugiados hambrientos los que devoran los cultivos, son los soldados igualmente famélicos de uno u otro bando. Es cierto que la ayuda exterior es abundante, pero el resultado es como una tirita que intenta tapar un corte largo y profundo, porque el problema real son los malos gobiernos que fomentan y aprovechan el odio entre la gente. Si alguna vez la situación política se normalizara, África se autoalimentaría sin problemas.

Campos de refugiados

Los conflictos en África central han desencadenado la huida en masa a campos de refugiados. Las cifras han aumentado de 2 millones de personas a mediados de los años sesenta a 15 millones a finales de los noventa.

En los campos de Somalia se ha adquirido una práctica poco habitual: no se le da nombre a un bebé hasta cumplir un año, hasta ese momento no se le considera “vivo”, pues la mortandad infantil es tan alta que hace falta como mínimo ese tiempo para demostrar que forma parte de la comunidad que sigue con vida.

Demasiados problemas para poder convivir

Hace cuatro siglos, los holandeses formaron lo que hoy conocemos como Indonesia, para ello unieron tierras pertenecientes a Australia, Asia y a las islas del Pacífico para formar las Islas Orientales Holandesas. Con ello acapararon un rentable mercado de clavo y de nuez moscada.

Resultó relativamente fácil conseguir que este territorio pasara a ser colonia holandesa, para ello utilizaron la vieja táctica de “divide y vencerás”: enfrentaron a los sultanes islámicos y a los jefes tribales de las diferentes islas, dándoles armas más poderosas (mosquetes y cañones) a quienes se convertían al cristianismo, agravando así las tensiones que ya existían por unas tierras con escasos recursos.

Con el paso de los años unos 8,5 millones de personas de las regiones con más población de Indonesia fueron trasladadas a Sumatra, Kalimantan, las Molucas e Irian Jaya. Los 1,2 millones de papúes de Irian Jaya se enfrentan ya a un millón de inmigrantes. Esto ha producido daños irreversibles, pues los nuevos colonos destruyen los métodos tradicionales de subsistencia. Los escasos recursos, sumados a la falta de previsión, han agravado los brotes de violencia, que afectan a varias islas de la zona.

Afortunadamente las comunidades mixtas de musulmanes y cristianos eran ejemplo de convivencia, pero los problemas empezaron cuando se extendió la noticia de que la iglesia cristiana estaba formando un “ejército de Cristo” para atacarles. Esto provocó la ira de los musulmanes, y como resultado medio millón de cristianos exiliados. Los refugiados opinan que es la mafia de Yakarta quien empezó con la conspiración, o tal vez los políticos del lugar que pretendían obtener algún beneficio sembrando la discordia, pero en ningún caso podían creer que la causa fuera la religión.

Los defensores de la cristiandad

Lo que hoy conocemos como Albania fue parte del Imperio otomano. En el siglo XV los habitantes de esa zona se alzaron contra los musulmanes, pero estos se impusieron y muchos albaneses aceptaron el Islam para seguir viviendo en su tierra. Serbia, el país vecino, pudo parar la expansión del Islam, y desde entonces se consideran defensores de la cristiandad. El hecho de que en 1389 se librase una batalla en Kosovo con victoria otomana, encendió una hoguera de odio en los corazones de los serbios, y aún hoy ven a los albaneses como descendientes de los odiados turcos.

En 1913 las potencias europeas cambiaron las fronteras políticas de Albania (que no eran las tradicionales) dejando a casi la mitad de los albaneses fuera del nuevo territorio. En 1946 se formó la república de Yugoslavia, que aglutinaba seis naciones bajo el régimen comunista. Y les hicieron creer que eran la nación más próspera de Europa, pero en realidad se habían quedado anclados en la Edad Media. Paulatinamente surgieron los nacionalismos que desembocaron en terrorismo y enfrentamientos violentos contra el ejército. Cuando en 1991 se desmembró esta república federal, los nacionalistas sintieron la victoria como suya, reavivándose el fuego del odio contra los albaneses.

Para forzar la aceptación de un plan de paz internacional, la OTAN lanzó misiles contra sus objetivos militares, pero en contra de lo previsto, desencadenaron una mayor represión contra los albaneses que vivían en Kosovo a causa del cambio de fronteras que se había efectuado a principios de siglo. Esta crisis provocó una oleada de refugiados que marcharon hacia la reducida Albania, los serbios expulsaron de sus hogares a más de 800.000 albanokosovares, asesinando a miles de personas.

A todo esto se le suma una calamitosa situación económica tras los años de marxismo-leninismo que dejó al país aislado. Y por si faltase alguna razón, en medio de esta situación caótica las mafias controlan la situación del país mucho más de lo que parece. Aproximadamente 8 millones de albaneses se encuentran repartidos por el mundo: en Albania viven solo unos 3,2 millones.

El límite de las fronteras

Hace apenas dos años, nos horrorizamos al contemplar la depravación de unos terroristas chechenos que pedían la retirada de las tropas rusas de su país, para forzar esta retirada tomaron como rehenes los ocupantes de una escuela en Beslán. El fuego cruzado entre terroristas y cuerpos de seguridad se cobró unas 330 víctimas mortales, la mitad de las cuales eran niños. También los rusos miraban con horror la tragedia, aunque podían conocer las semillas del terror.

Chechenia ha vivido demandando su autonomía a lo largo de los siglos. Cuando en 1720 la Rusia zarista, bastión de la Iglesia ortodoxa, invadió Chechenia coincidió con el auge del Islam, y este encuentro ha provocado casi tres siglos de conflicto. Al rendirse en 1859 pasaron a formar parte del imperio ruso. Pero al caer el régimen zarista en 1917, soviéticos y chechenos se reunieron para llegar a un acuerdo en el que Chechenia se consideraba como región étnica diferenciada. En la década de 1920, Stalin pensó una treta para someter a la población chechena: introdujo en la zona tantas contradicciones étnicas, lingüísticas y religiosas que los habitantes tuvieron que pedir ayuda a Moscú para mantener el orden. Se vieron forzados a convivir enemigos tradicionales. Más tarde se les acusó de colaborar con la invasión nazi en el Cáucaso, y se ordenó la deportación de medio millón de chechenos a Asia Central y Siberia, muriendo casi una tercera parte de los exiliados en el desplazamiento. Hasta 1957 no se les permitió regresar a sus hogares, que tuvieron que recuperar poco a poco de manos de los colonos rusos, y durante casi medio siglo acataron en silencio las imposiciones de Moscú.

Cuando en 1991 la URSS empezó a desmembrarse, un movimiento derribó al gobierno comunista en Chechenia, y se proclamó la independencia. Pero Moscú condenó la iniciativa, por miedo a que otras repúblicas imitaran el intento separatista. La Nochevieja de 1994 Boris Yeltsin ordenó la invasión de Chechenia dejando a Grozni con la peor destrucción de una ciudad europea desde la segunda guerra mundial. No hubo vencedor ni vencido, pero se les aisló del resto de la Federación Rusa con un bloqueo económico, lo que provocó que los secuestros a cambio de rescates y el contrabando de gasolina proliferaran. No perdieron guerra pero su hogar se ha convertido en una tierra sin orden y un imán para fanáticos islámicos.

Miles de chechenos han huido a la vecina Ingushetia, donde viven en campamentos de refugiados. Los que quedaron luchan por sobrevivir en ciudades totalmente deshechas en las que incursiones de los soldados rusos y también de los guerrilleros son diarias. La juventud ha crecido entre la guerra y la brutalidad, la corrupción y el caos. Inevitablemente la venganza ha arraigado en sus corazones.

Las diferencias religiosas como motivo de confrontación

Según la Biblia, Josué condujo a los israelitas al oeste del río Jordán, donde derrotaron a los cananeos pero no lograron ganar Gaza a los filisteos. Durante el Imperio romano esas tierras se administraron como una provincia, pero bajo el gobierno de monarcas locales. Cuando la ira antirromana estalló en revuelta, Roma dispersó a los judíos. Desde entonces esa región se llamó Palestina. Los ejércitos musulmanes conquistaron Palestina en el siglo VII, pero cuatro siglos después el ejército cristiano marchó en una cruzada a reconquistar Tierra Santa a los musulmanes, dominio que duró menos de un siglo. Durante el dominio otomano los habitantes de Palestina experimentaron cierta prosperidad y modernización.

A finales del siglo XIX los inmigrantes judíos procedentes de Europa y Rusia que empezaron a llegar a Palestina compraron tierras. Cada vez llegaban más, lo que les hizo soñar en reestablecer un moderno estado judío. Al acabar la primera guerra mundial el imperio otomano tocó su fin y Gran Bretaña gobernó Palestina. El apoyo británico fomentó la inmigración judía, lo que provocó la hostilidad árabe en la zona. El conflicto iba en aumento, por lo que al finalizar la segunda guerra mundial los británicos se desentendieron del problema y confiaron a la ONU la solución. Se quiso solucionar partiendo Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, considerando a Jerusalén ciudad internacional por ser lugar santo de varias religiones. Evidentemente los judíos aceptaron, pero los árabes rechazaron el plan. Al retirarse Gran Bretaña en 1948, árabes y judíos se lanzaron a una espiral de violencia, que todavía continua.

Además, Israel ocupó la franja de Gaza y Cisjordania, territorios de Egipto y Jordania respectivamente y fomentó asentamientos de civiles en los territorios ocupados, violando la Cuarta Convención de Ginebra, que prohíbe a los vencedores colonizar con civiles tierras extranjeras que han sido tomadas en batalla. Y estas violaciones continúan, pues todos los gobiernos israelíes han expropiado las tierras a los musulmanes, construyendo casas para los judíos israelíes. En 2002 se calculó que el 67% de los palestinos de los territorios ocupados vivía por debajo del umbral de la pobreza. Actualmente los países árabes vecinos acogen a 2,5 millones aproximadamente de refugiados. Esta situación ha inflamado el ánimo de los extremistas palestinos, por lo que la solución al problema parece estar lejos de ser encontrada.

La necesidad de buscar otros horizontes

Todo parecía indicar que la situación de Rumanía se estabilizaría con la caída de Ceausescu, pero la corrupción estaba tan arraigada entre sus dirigentes que el cambio ha sido dolorosamente lento.

Durante el gobierno de Ceausescu se prohibió el control de natalidad para fomentar las familias numerosas. Esto multiplicó el número de niños abandonados en Rumania. En 1998 se calculaban unos 4.300 menores viviendo como niños de la calle (la mayoría en Bucarest) que en muchas ocasiones para sobrevivir practican la prostitución infantil. Los orfanatos se convirtieron en campos de prisioneros, en los que se hacinaban niños desnutridos, sucios y a menudo muriendo de sida, a causa de la reutilización de las agujas hipodérmicas cuando administraban las vacunas contra enfermedades infantiles. Es el país de Europa, con el índice más elevado de sida infantil.

Durante la era comunista algunas aldeas de Rumania fueron arrasadas para convertirse en campos de trigo, los lugareños fueron arrancados de sus tierras y obligados a vivir en edificios, donde los dejaron marchitarse. Cuando en 1991 el gobierno permitió que los campesinos recuperasen sus tierras pero sin ningún tipo de indemnización, unos pocos volvieron, pero otros han seguido el rumbo de muchos compatriotas que consideraron la apertura de las fronteras hacia Europa mucho más atrayente.

América Latina rica en recursos naturales

De los que siempre se han aprovechado otros países. Colonizada por los europeos, proporcionó al viejo continente toda clase de riquezas, desde oro hasta todo tipo de cultivos, que salvaron de las hambrunas a muchas familias europeas.

Cuando tras años de colonización los criollos de apoderaron del control de las tierras, no mejoró la situación de la gente humilde. Si a esto le sumamos el crecimiento demográfico descontrolado, la pobreza se adueñó de grandes sectores de la población.

El estado en que quedó Europa tras la segunda guerra mundial, y las deudas contraídas para su recuperación, hubiese sido una buena ocasión para que América latina comprase las empresas que los países europeos tenían en su suelo, sin embargo Norteamérica se adelantó. Y hábilmente fue controlando el mercado y las inversiones hasta el punto en que todo pasaba bajo su control, pues en realidad era el único comprador, dada la situación de Europa. Esta dependencia se amplió al campo de la tecnología y la industria.

Hubo unas décadas en las que el derroche por parte de los gobiernos daba a entender que la prosperidad había llegado, y a ese nuevo Eldorado marcharon muchos europeos. Sin embargo esto no era sino un espejismo, fruto de un endeudamiento mayor con Estados Unidos por parte de los gobernantes “títere” de turno.

No debemos olvidar los continuos golpes de estado y dictaduras castrenses que a algunos países los han recuperado un poco, pero que en la mayoría los han sumido en situaciones más caóticas. Las guerras, guerrillas y revoluciones de los años ochenta y noventa, han sembrado el desorden. Y por último los desastres naturales: huracanes, terremotos, sequías y riadas.

Todos estos acontecimientos han desplazado a millones de personas en busca de un poco de paz y de prosperidad.

Creyeron sus mentiras

Durante el siglo XX los blancos eran propietarios al menos de la mitad de los cultivos de Zimbabwe, aunque eran menos del 5% de la población. Ese desequilibrio fue uno de los principales motivos de los casi ocho años de guerra que acabaron en 1980. Así la Rhodesia gobernada por los blancos pasó a ser el Zimbabwe dominado por la mayoría negra. El nuevo presidente Robert Mugabe, basó su política en reconciliación racial, y animó a los terratenientes blancos a colaborar en la formación del nuevo país.

En 1997, Zimbabwe era ejemplo, pues poseía la mejor economía de África e incluso exportaba alimentos a los vecinos necesitados. La generación más joven tenía el índice más alto de alfabetización de toda África. En sus campos trabajaba la cuarta parte de la población del país. Tanto blancos como negros consideraban necesaria una reforma agraria que corrigiese las desigualdades.

A principios de 1985 se aprobó una ley en la que se obligaba a los granjeros blancos a ofrecer primero al gobierno la tierra que fuesen a poner en venta. Pero en 1994 la prensa destapó ciertas irregularidades, pues en varias ocasiones las tierras no fueron entregadas a los campesinos, como se había acordado con Gran Bretaña, quien financiaba el proyecto, sino a políticos del entorno de Mugabe. A pesar de las advertencias el presidente continuó con el fraude y las ayudas extranjeras fueron congeladas.

En el año 2000 el partido de Mugabe perdió un referéndum, y este acusó a los granjeros blancos de manipular los votos de sus empleados negros. Inmediatamente los seguidores del presidente ocuparon violentamente las granjas de los blancos, quienes fueron expulsados, pero al conservar las escrituras de las fincas los nuevos colonos no pueden, como lo hacían los anteriores propietarios blancos, utilizar la tierra como aval para obtener créditos que les permitan adquirir abonos, semillas, vehículos y carburante. Fincas que eran altamente productivas, se han convertido en cultivos de subsistencia.

Los granjeros blancos eran el objetivo, pero los empleados negros y sus familias han sido las víctimas. Hasta ahora 1,2 millones han sido desplazados, y pocos han sido recolocados en el marco de la reforma agraria de Mugabe, viven ahora en tiendas de campaña cerca de las poblaciones. La producción del trigo cayó un 52% el 2002 respecto al 2001, y el ganado comercial pasó de 1,3 millones de cabezas en 1999 a menos de 200.000 en 2002. La sequía ha devastado los campos de maíz y la producción de este cereal es un 70% inferior a las necesidades del país. Como resultado la amenaza del hambre se cierne sobre más de la mitad de los 12 millones de habitantes de Zimbabwe, que ya dependen de la ayuda humanitaria.

Mafias

El desplazamiento hacia las naciones industrializadas –con una población activa cada vez más envejecida– lo suelen realizar aquellas personas de los países con menos recursos que han conseguido reunir algo de dinero, pues las personas más pobres del planeta, aunque también se vean impulsadas por la necesidad, no se desplazan.

Por otra parte, en los países del “primer mundo”, los jóvenes educados en una época de dinero fácil rechazan una serie de empleos por considerarlos demasiado “pesados”. Creen que su situación de bienestar será eterna, por lo que, en muchos casos, tampoco se preocupan en adquirir conocimientos técnicos y estudios superiores.

De esta manera los inmigrantes encuentran ocupación en las tareas que nadie quiere hacer. Esto es un reclamo para otros compatriotas que van en busca de una esperanza.

Pero cuando se presentan las oportunidades, también aparecen los oportunistas, que ahora toman la forma de mafias de la inmigración. El nombre con el que se les conoce coloquialmente varía en cada país (polleros, coyotes, cabezas de serpiente…), pero su forma de “trabajo” tiene pocas variantes. Les “tramitan” el viaje a sus “clientes”, pero llegar con vida es solamente el primer paso, pues los que lo consiguen se encuentran con una situación que nada tiene que ver con lo que les habían explicado. Con mucha suerte pueden cobrar sueldos miserables por trabajos agotadores, alojarse en malas condiciones y enfrentarse a años de ilegalidad, aun así seguramente les merece la pena porque huyen del hambre, la pobreza y en muchas ocasiones la violencia.

También las mafias han encontrado solución para quienes no pueden pagar por adelantado el “viaje”, les seducen con un futuro mejor y son abocadas a la esclavitud por endeudamiento. Tal vez para nosotros la imagen de un esclavo coincide con algodoneros negros cargados de cadenas, sin embargo siguen existiendo los trabajos forzados en África, niñas prostitutas en Asia, esclavos brasileños que talan la Amazonia… Hay muchos desesperados en el mundo que no tienen más remedio que vender sus vidas o las de sus hijos para poder subsistir.

Nos parecerá que eso solo ocurre en países subdesarrollados, sin embargo, muchas jóvenes de los países que formaban el bloque soviético, hoy empobrecidos y con pocas esperanzas de futuro, son engañadas con la promesa de trabajo en países de Europa, pero son vendidas a algún burdel. A partir de ese momento debe devolver los gastos del “viaje” y lo que su dueño pagó por ella a la mafia. Evidentemente esto lo hará con sus “servicios”, de los que no ve ni un solo céntimo. Cuando ese dinero esté casi recuperado volverá a ser vendida, por lo que comenzará una nueva deuda, que como podemos imaginar no se salda nunca, esa persona es una esclava. Este sistema también lo utilizan las mafias de centro y Sudamérica.

Muchos inmigrantes que trabajan en el campo no están mejor. El precio de los productos se mantiene desde hace años o incluso ha bajado (tanto en Europa como en Norteamérica), por lo que se necesita mano de obra barata, y los esclavos por endeudamiento son realmente rentables. Esta práctica se está extendiendo a gran parte de los sectores laborales: confección de ropa, servicio doméstico, envasado de alimentos… Estas personas sufren violencia, viven amenazadas y temerosas de la deportación… su aislamiento les hace estar completamente indefensos.

Cada vez el control de la inmigración ilegal es más intenso, por lo que cada vez el precio de los “trámites del viaje” aumenta, así las posibilidades de que cada día existan más esclavos por endeudamiento son mayores.

Soluciones

Llegados a este punto, tas analizar rápidamente el estado actual del mundo, podemos caer en la tentación de pensar que no existe ninguna solución posible, que solo un cataclismo podría barrer toda la contaminación física y psicológica que hemos creado y en la cual nos hemos sumergido. Evidentemente no es fácil, ni rápido, cambiar el estado en que se encuentra la humanidad, pero lo último que debemos perder es la esperanza.

Soluciones a corto plazo

La llamada “conciencia solidaria” va despertándose en muchas personas y en todos los lugares del mundo. ONG y fundaciones tratan de paliar las carencias de aquellos seres humanos más necesitados. Estos organismos se encargan de construir orfanatos, escuelas, viviendas, les enseñan a crear puestos de trabajo, facilitan ropa y alimentos…

Realmente es admirable la cantidad de aportaciones tanto económicas como humanas que se destinan a estos fines, aunque muchas de estas ayudas no llegan a sus destinos. En parte porque, lamentablemente y no en todos los casos, también saben introducirse en estas organizaciones los oportunistas que no trabajan sin ánimo de lucro. Y la otra parte mucho más terrible son los gobiernos de estos países que están más interesados en hacer propaganda de estas carencias, incluso de muertes, que en remediarlas. Así, dejan acumulando polvo millones de Euros en equipos médicos durante meses, bombas de agua y otros útiles destinados a la mejora de infraestructuras yacen arrinconados en los almacenes estatales… Otros gobiernos “cierran los ojos” a prácticas irregulares de funcionarios y militares, que en lugar de entregar dichas ayudas a los necesitados, las venden o las requisan.

Afortunadamente existen otras organizaciones que realmente mejoran la vida de estas personas, suelen ser aquellas que trabajan en países en los que el gobierno permite este tipo de acciones. Generalmente residen allí miembros y directivos de la organización que supervisan y controlan que lleguen realmente las ayudas.

Hemos tratado el tema de la superpoblación como un factor de grave riesgo para la humanidad. Seguramente, en muchas ocasiones, habremos oído comentarios despectivos en cuanto al número de hijos que suelen concebir las mujeres de países pobres, por el contrario nos maravillamos cuando la ciencia consigue un parto múltiple de una mujer del “primer mundo”, aunque el resultado sea el mismo número de hijos.

De unos años a esta parte las tasas de natalidad han descendido en muchos países en los que era habitual tener muchos hijos, la media ha bajado de seis a tres hijos por mujer. Una buena planificación familiar equivale a tener mujeres más sanas, pues evitan quedarse embarazadas muy jóvenes o muy mayores, o tener hijos demasiado seguidos. La salud en estas mujeres hace que tengan hijos más sanos, y si la mortalidad infantil se reduce no hace falta tener tantos hijos para que sobrevivan unos pocos.

La experiencia en estos países nos dice que cuando la mujer puede elegir, que por desgracia no lo es siempre, suele tener menos hijos. Y aunque en gran parte del mundo suelen ser los hombres quienes más se oponen a la planificación familiar, un buen número de ellos reconocen que es mejor tener pocos hijos, incluso algunos van aceptando la contracepción, al darse cuenta de que esto no menoscabada su virilidad ni su fe religiosa.

Poco a poco estos cambios se van dando gracias a los medios anticonceptivos que son facilitados a aquellas mujeres que lo desean y la asistencia sanitaria. Pero esto no es suficiente.

Soluciones a medio plazo

“Todo mejoramiento de la sociedad comienza con el mejoramiento del individuo; no existen fórmulas colectivas de salvación. Pero existe la posibilidad individual de luchar contra la propia imperfección para lograr así elevarse sobre el momento actual y sobre la propia derrota.” Jorge Á. Livraga.

Aparentemente gran parte de la humanidad permanece estable, sin embargo la misma cantidad de personas está desplazándose de forma casi silenciosa, llevando como pasaporte la esperanza de unas mejores condiciones de vida para ellos y para los suyos. Pero el amor, la imaginación, el ingenio… crean puentes para atraer las soluciones y dar oportunidades a los seres humanos en su propio país. Veamos unos ejemplos:

Bangladesh es uno de los países más pobres del mundo, y también uno de los que cuentan con mayor densidad de población. En él hay varias organizaciones que ayudan a los pobres, una de ellas concede pequeños préstamos a mujeres y viudas con escasos recursos, que con varios hijos a su cargo podrían verse obligadas a pedir limosna o ejercer la prostitución. Con estos préstamos se convierten en pequeñas empresarias comprando cabras, diminutos terrenos, material para elaborar enseres… incluso una de ellas ha comprado un teléfono móvil y vende llamadas telefónicas, pues es el único existente en la aldea. Con el dinero que gana puede pagar el recibo del teléfono, devolver el préstamo y ahorrar algún dinero, incluso una de sus hijas estudia en la Universidad de Dacca, cosa que sin el préstamo nunca lo hubiese podido hacer. Un directivo de esta organización afirma: “Hemos comprobado que cuando las mujeres piden préstamos, se beneficia toda la familia”.

En París residen muchos africanos y entre ellos es común la frase “Planes para regresar”. No todos poseen los mismos medios, pero la mayoría quieren mejorar las condiciones de su país. Un pequeño empresario de origen mauritano nos cuenta: “Hay una escena que presencié en mi país y que nunca podré olvidar: en una aldea una mujer a punto de dar a luz murió, pero el bebé seguía vivo. Notábamos sus movimientos. No podíamos hacer nada, no había nadie que supiese operar, tuvimos que dejar que el niño muriese. El hospital que queremos construir es para que esto nunca vuelva a suceder”.

La Rusia actual tiene que soportar la corrupción de sus políticos, la falta de instituciones civiles eficaces, a las diferentes mafias…, sin embargo la juventud rusa está desempeñando un papel muy relevante en la transformación de la sociedad. En una de las empresas de tecnología más prósperas del país, trabajan dos jóvenes rusos licenciados en las mejores universidades norteamericanas. Ambos formaron parte de empresas de Estados Unidos con gran prestigio antes de tomar la decisión de volver a su país para trabajar por un sueldo mucho menos remunerado. ¿La causa? “Teníamos unas posibilidades extraordinarias en EEUU pero volvimos porque consideramos que este es nuestro hogar, lo cual implica una cierta responsabilidad”.

Un experto informático de origen armenio, nacido en Irán y formado en Massachusetts, se labró una buena posición en EEUU en los años ochenta. A partir de 1992 empezó a viajar a Ereván (la capital) con regularidad por razones que el mismo no puede explicar y que sintetiza con la frase “razones armenias”. En 1998 convenció a su familia para mudarse a Armenia, donde ahora ofrece al gobierno sus servicios de asesor tecnológico no remunerado, solo porque cree en la recuperación de Armenia, país depauperado después de sufrir genocidios, éxodos, y terremotos a los largo de su historia.

En el centro de EEUU una franja vertical de tierra ocupa más o menos el centro del país. Se trata de una extensión de 1,3 millones de km², denominada “Las Grandes Llanuras”. Cuando los bisontes estuvieron prácticamente exterminados y los nativos americanos recluidos en sus áridas reservas los colonos ocuparon estas tierras. Pero la erosión del suelo debido al abuso, una sequía prolongada que cíclicamente se abate sobre el lugar y más tarde la tecnología que no necesita tanta mano de obra ha ido desplazando a miles de campesinos hacia las grandes ciudades costeras. El desarrollo de la economía no es fácil en estas regiones a causa de los cambios extremos en la meteorología, sin embargo, miles de indios están abandonando las ciudades del hombre blanco para regresar a sus tierras. “Lo que intentamos es dejar de vivir de la pobreza”, afirma un sioux que volvió a la reserva después de estar cursando estudios superiores. Como alternativa a los subsidios federales promueve pequeñas empresas dentro de la reserva. Otra opción es evitar “los viejos errores” de abuso y erosión de la tierra, así se han adoptado prácticas más sostenibles como la rotación de cultivos. También se está pasando de la cría de ganado vacuno a la de bisontes, animal autóctono que posee una carne de alto valor alimenticio y causa menos desperfecto en el suelo.

Desde la década de los ochenta el Ejército de Resistencia del Señor (ERS) lucha en nombre del cristianismo más estricto por deponer al gobierno de Uganda, para ello desde hace casi 20 años los rebeldes han torturado y asesinado a miles de civiles. Irrumpen por la noche en los poblados masacrando a sus habitantes, y raptando a niños que luego son obligados a servir como soldados o esclavos sexuales, formando un ejército compuesto casi exclusivamente por niños, que muchas veces son forzados a matar a sus familiares y amigos. Se calcula que unos 20.000 menores están o han padecido esta situación. Varios centros cercanos a las ciudades acogen cada noche a los aterrorizados habitantes de las aldeas, que deben recorrer muchos kilómetros para ponerse a salvo.

Algunos albergues los prepara el gobierno, pero otros son patrocinados por personas de otros países, por ejemplo el centro Rachele, fundado por ciudadanos belgas, que no solo da protección nocturna, además da apoyo psicológico y tratamiento a las víctimas, a las que prepara para volver junto a sus familias. El centro cuenta además con oficiales de protección nativos. Estos lugares son la representación exacta de la esperanza en medio del infierno de los niños heridos y traumatizados que escaparon de los rebeldes o fueron puestos en libertad. Para recuperarlos deben explicar primero su trágica experiencia durante su permanencia en el ERS, relatan estos hechos con rostro inexpresivo, pero sus ojos vuelven a brillar cuando cuentan sus planes de futuro, muchos quieren ser médicos para ayudar a los demás. Después de tantos años de desgracias los voluntarios que trabajan en dichos centros, se preguntan a menudo si su presencia ha servido de algo, y llegan a la conclusión de que lo único que pueden hacer es cambiar las vidas de una en una. Pensemos en los niños rehabilitados que quieren ser médicos.

El 65% de los tres millones de habitantes de Medellín vive en un mundo marcado por la violencia y la pobreza. Estas gentes proceden de las zonas rurales próximas y tuvieron que marchar de sus hogares huyendo del conflicto civil que azota el país desde hace 60 años. El conflicto entre campesinos y ricos hacendados, agravado por la expansión del narcotráfico, llegó a la ciudad, que había sido un tradicional centro textil y empresarial. Medellín se convirtió en la capital mundial del crimen repleta de narcotraficantes, policías corruptos y asesinos. Se había puesto precio a la cabeza de los policías honestos. En los últimos 25 años han sido asesinados en Medellín más de 120 jueces y fiscales. Sin embargo, una mujer que ocupa uno de los cargos policiales más altos de la ciudad afirma: “Creo que para que Colombia cambie realmente, las personas tenemos que involucrarnos”. Y así lo demuestra con su ejemplo, aunque el precio sea vivir siempre rodeada de guardaespaldas, siempre de incógnito, siempre mudándose de casa, ella y su familia.

Sin dejar Colombia quería mencionar el programa Puente hacia el futuro que desarrolla Nueva Acrópolis, y en que se trabaja formando a jóvenes y adolescentes en la prevención del uso de drogas, la prostitución y la delincuencia. Fomentando los valores individuales, sociales y familiares.

Hay una tendencia general de los peruanos, donde la tierra no es demasiado rica, muchas veces los empleos no están bien remunerados, y hay muchos colegios de otros países planteados de tal manera que siguen las pautas de su país de origen, provocando la sensación de estar viviendo con un pie fuera del país. Paulatinamente se ha creado en la mente de los peruanos la idea de marcharse a otros lugares. Pero como enseñaba el profesor Livraga, es necesario amar a Perú, agradecer la vida a su tierra, y crear recursos y trabajos dentro de su propias ciudades. Hoy Nueva Acrópolis Perú es un ejemplo por su saber hacer. Crea empleos, ayuda a damnificados, promueve estudios…, pero lo más interesante es que crea las oportunidades que estas personas tendrían que ir a buscar a otros países.

Soluciones a largo plazo

Evidentemente, es muy difícil encontrar soluciones realmente eficaces y que eliminen los problemas de raíz. Para ello deberíamos cambiar buena parte de la política mundial, que busca el poder y no le interesa la evolución del ser humano. Tendríamos que arrancar al hombre de las garras del materialismo que obliga a muchos seres humanos a vivir penosamente para que unos pocos vivan cómodamente; erradicar todo fanatismo y racismo que lleva a los hombres a los conflictos armados, y otros muchos factores que llevan al mundo por estos derroteros. Todo esto está lejos de nuestro alcance.

Sin embargo hay algo que sí podemos hacer:

“Debemos procurar logros espirituales, pero sin desesperación y sabiéndonos conformar con lo que buenamente logramos cuando hemos puesto todo el empeño y todo el corazón en ello. Ya vendrán otros más capacitados que continúen nuestra obra, pero nuestro esfuerzo no se perderá jamás. El más pequeño paso que demos dentro de nosotros mismos hacia el Bien, de alguna manera lo da la Humanidad toda. Ningún individuo está desprovisto de responsabilidad histórica, pero tampoco nadie es dueño y señor de la Historia. Todos la tenemos que construir poco a poco y el mejor comienzo no es el que parte de perecederos objetos materialistas, sino el que se realiza en otros planos de conciencia menos efímeros y que se reflejarán inexorablemente en el mundo en su debido momento”. Jorge Á. Livraga.

Nota: este artículo fue escrito en 2006.

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