Personajes

Sir Lawrence Alma-Tadema

Primera Etapa (1836-1870). Juventud, formación artística y primeros pasos

Lourens Tadema nació el 8 de enero de 1836, en un pueblo al norte de Holanda, pero se formó en Bélgica.

Su padre, notario, se apellidaba Tadema, pero es el propio Lourens quien incorpora Alma a su apellido con el fin de figurar en primer lugar en los catálogos de las exposiciones: por la A y no por la T.

En vida del pintor se publicaron tres biografías suyas, además de numerosos artículos que esbozaban su vida y obra. Los autores de las biografías, que eran amigos del artista, cuentan todos la misma historia y las mismas anécdotas, por lo que cabe pensar que Alma-Tadema deseaba presentarse de un modo muy concreto: como un muchacho con pocas posibilidades que, a fuerza de trabajo y decisión, logró desarrollar con éxito la carrera que había elegido.

De su periodo escolar se sabe que compró dos libros en una tienda del lugar: el tratado de pintura de Leonardo da Vinci y un compendio del siglo XVII sobre las reglas de la perspectiva; con ellos aprendió a dibujar y a pintar de manera autodidacta.

En 1863 se casa con Pauline. De ella se sabe muy poco. En unos recuerdos biográficos, Alma-Tadema cita simplemente: “Me casé en septiembre de 1863”. Llegarán a tener dos hijas, Laurense, nacida en 1865, y Anna, dos años más joven. En 1864 nació un niño que murió a los pocos meses.

Sir Lawrence Alma-Tadema. Autorretrato. Foto: Cordon Press

Tras seis años de matrimonio, en 1869 Pauline muere de viruela, dejando a su marido con dos hijas pequeñas. Alma-Tadema dejó de pintar durante cuatro meses y como tampoco gozaba de buena salud, decidió ir a Londres a visitar a un famoso doctor. Fue en el curso de ese viaje, el mismo año de la muerte de Pauline, que conoció a su futura segunda esposa, Laura Epps, también pintora e hija de un cirujano.

Un coetáneo de Laura la describe como “una de las bellezas de Londres, de buena estatura, cabello castaño rojizo, con la constitución afable de una repartidora de leche y un rostro dulce y griego”. La noticia se recoge de este modo: “Tadema asistió a un baile –el 26 de diciembre– y se enamoró a primera vista de la señorita Epps, la hija del cirujano. Se van a casar en cuanto ella decida el día”.

A continuación, en 1870 la familia Alma-Tadema (padre e hijas) se trasladan a Londres, donde situarán a partir de entonces su domicilio permanente. En julio de 1871 se celebra el matrimonio: él tiene 35 años y ella 17.

Tras establecerse en Londres, el artista no tarda en adaptar su nombre al inglés, convirtiéndolo en Lawrence. En 1873 la reina le otorga los documentos de residencia.

Segunda Etapa (1870-1887). Establecimiento y éxito

Desde principios de la década de 1870 sus obras se caracterizan por:

  • Un mayor empleo de espacios abiertos,
  • Una mayor utilización del mármol y
  • La presencia de colores más luminosos.

A mediados de la década de 1880, Alma-Tadema era uno de los pintores favoritos de los críticos de arte y del público entendido en la materia.

Es conocido sobre todo por sus representaciones del mundo antiguo; de las 400 obras que pintó a lo largo de su vida, unas 300 son de temática clásica; en 349 cuadros utiliza el óleo y solo 51 son acuarelas.

Lector cultivado, hace en sus obras una fascinante reconstrucción de la vida política y social antigua, incluyendo alusiones literarias y arqueológicas, lo que le permite ser absolutamente original.

Para afirmar la idea, sus obras recogen esbozos de autores clásicos, Plinio, Juvenal, Marcial, Petronio; con todo ello los cuadros proponen a las élites ciertos retos intelectuales que inducen al espectador a descubrir sentidos ocultos en el uso que hace de antiguas inscripciones o estatuas semiescondidas.

Sin embargo, parte del impresionante éxito de Alma-Tadema debe atribuirse a la facilidad con la que logra satisfacer al mismo tiempo el gusto popular y el de la élite, con su visión imaginaria de un mundo muy diferente al suyo.

Sus cuadros constituyen una visión idealizada de la antigüedad, lo que le proporcionó un extraordinario éxito social y financiero.

Temas y estilo de sus pinturas

Artista típicamente victoriano, su obra –de un gran atractivo estético– nos invita a disfrutar de un efecto visual indefectiblemente elegante.

Con los juegos de luz, las suaves armonías cromáticas, los escenarios de interiores marmóreos y los soleados paisajes del Mediterráneo, no es de extrañar que dichas obras ejerciesen una atracción sensual y eterna.

Su primer viaje de luna de miel a Italia en 1863, coincidió con el inicio de unas nuevas excavaciones en Pompeya y Herculano (ciudades romanas enterradas por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. y descubiertas en 1748 y 1738 respectivamente). Todo ello sacó a la luz información de una riqueza extraordinaria sobre la vida cotidiana de los antiguos romanos y ofreció al mundo coetáneo de Alma-Tadema una visión única de la antigüedad.

Como la Italia romana era su principal fuente de inspiración, resultaba esencial para su trabajo visitar parajes y museos. Se nos cuenta que durante una de sus estancias en Pompeya, el artista trabajaba a diario de 9 de la mañana a 6 de la tarde, midiendo y dibujando casas.

A partir de entonces se volvió hacia el pasado clásico, y las escenas romanas de género en ambientes pompeyanos pasaron a ser motivo predominante de sus cuadros.

El Imperio Romano, que había sido un periodo documentado con viveza por los autores clásicos, comenzó a hacerse popular a raíz de la aparición de numerosas novelas históricas ambientadas en los reinados de los emperadores más célebres: “Ben-Hur”, escrita en 1880, recoge el reinado de Tiberio; y “Quo Vadis?” (1896), el mandato de Nerón.

Vitrubio, que escribió su obra a finales de la República, confirmaba la costumbre, de hacer ostentación de lujo en las casas romanas particulares pertenecientes a hombres de alto rango y cargo oficial. Por eso las obras del pintor, fieles al espíritu del Imperio, producen a menudo una impresión de esplendor y lujo.

Sin embargo su interés por el ocio y la riqueza no impidió a Alma-Tadema esforzarse por presentar también escenas de la vida cotidiana, pues las excavaciones realizadas en Pompeya centradas en algunas de las zonas más pobres del yacimiento, sacaron a la luz testimonios de la vida de la gente corriente.

 

Última Época (1887-1912). Honores finales y últimos años de carrera

A lo largo de este último período creativo, Alma-Tadema siguió pintando cuadros que repetían la eficaz fórmula de mujeres en terrazas de mármol con vistas al mar, en una atmósfera invariablemente serena.

Reconocimientos

En 1896 Alma-Tadema fue honrado con el encargo de un autorretrato para la muy preciada galería de autorretratos de pintores de la Galería de los Uffizzi, en Florencia. Era un signo de éxito estar presente en una colección iniciada en el siglo 17 y que incluía a muchos de los antiguos maestros.

La posición que ocupaba Alma-Tadema en el mundo del arte británico fue reconocida en 1899 con el título de caballero. Con ello pasaba a engrosar la lista de los ilustres artistas flamenco-holandeses a quienes los soberanos británicos habían nombrado caballeros, entre los que se encontraban Rubens y Van Dyck.

En 1902 visitó por primera vez Egipto y en una carta dirigida a un amigo contaba sus impresiones: “Egipto es divertido (…) y es curioso no ver ni a una sola mujer en las calles de El Cairo. Son todo hombres, ¡qué absurdo!”.

De este viaje surge “El hallazgo de Moisés”, de grandes dimensiones.

En 1901, con la muerte de la reina Victoria, finalizaba la época victoriana.

En junio de 1904, su sucesor, Eduardo VII impuso a Alma-Tadema la recién creada Orden del Mérito. Sin embargo la sociedad había cambiado sus planteamientos artísticos y no faltaban críticos que se preguntaban: “¿Cuánto tiempo costará desinfectar la Orden del Mérito del jabón perfumado de Alma-Tadema?”.

Con la nueva época, cambian los gustos y en 1904 una de las principales revistas londinenses se lamenta de que “el recreador de la antigua Roma nunca haya pintado una mujer verdaderamente guapa”, pues sus mujeres muestran una normalidad elegante, muy alejada de la “mujer fatal” que utilizaban otros artistas.

Por su contribución a la Arquitectura, en 1906 recibe la Medalla de Oro del Real Instituto Británico de Arquitectos.

Aparte de su propia casa, presentada en la prensa como una maravilla de diseño interior y exterior, la representación de edificios antiguos en sus cuadros así como toda su labor teatral contribuyeron a promover el interés y la admiración del público por la arquitectura.

El 15 de agosto de 1909 murió Laura, su esposa, a la edad de 57 años. Como muchas pintoras de su época, había centrado su obra en escenas familiares de mujeres con sus hijos. Aunque se comportó como una madre con las dos hijas de Alma-Tadema, Laura no tuvo hijos propios.

En el verano de 1912 Alma-Tadema acudió acompañado de su hija Anna a un balneario en Alemania, donde siguió un tratamiento para la úlcera de estómago. Allí murió el 28 de junio. Unos días más tarde fue enterrado con gran ceremonial en la catedral londinense de San Pablo, junto a otros notables artistas victorianos, y sobre todo junto a Van Dick, el pintor flamenco que tanto se había distinguido en la tradición británica.

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