La Ciencia es para los que aprenden;

la Poesía, para los que saben.

Joseph Roux, Meditaciones de un párroco.

 

En el sentir popular ciencia y poesía son dos conceptos antagónicos. O por lo menos así se nos enseña. La desgraciada distinción entre ciencias y letras en los inicios de nuestra educación secundaria divide el conocimiento humano arbitrariamente. Pero si abandonamos por un momento las categorías mentales en las que nos han educado, hallaremos más de un punto de encuentro.

Es muy difícil definir un poema. Ni la crítica, ni los más grandes autores han sido capaces de hacerlo. La poesía evoca en nosotros un mundo de ideas y sentimientos ajeno al encasillamiento. De manera que no se puede imaginar una forma de expresión más concisa y cargada de significado que un poema. Ni algo que despierte en nuestro ser interior intuiciones y sentimientos ocultos que ni siquiera conocíamos. Sirva como ejemplo la célebre rima XXI de nuestro incomparable Bécquer.

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía…eres tú.

 

Aparentemente, una ecuación, símbolo del conocimiento científico, indica todo lo contrario. Por ejemplo, la ecuación más famosa del mundo, E=mc2, expresa una ley que puede ser corroborada por los experimentos, exacta y concisa en su significado. Gracias a esta representación simbólica, se pueden encerrar una serie de ideas de una manera simple. Y sin embargo, en muchos aspectos se parece a un poema. De la misma forma que a un poema no se le puede cambiar una coma, sin que pierda todo su significado y su poder de evocación, así a una ecuación no se le puede agregar ni quitar nada; E= 2mc2 o E=mc3 no tienen significado alguno ni se puede hacer predicciones verificables en laboratorios con ellas. E igual que la repetida lectura de un buen poema despierta en nosotros nuevos ecos y sensaciones, de una buena ecuación científica se puede deducir una nueva visión del mundo y una serie de consecuencias inimaginables cuando se descubrió. Basta como ejemplo la bomba atómica y la unidad fundamental de materia y energía.

Science and poetry
La ciencia es la poesía del intelecto y la poesía la ciencia de los afectos del corazón. Lawrence Durrell.

Los más grandes poetas han señalado la Belleza como fuente de su inspiración. Y de nuevo aparece un punto de encuentro con la ciencia. Albert Einstein y Paul Dirac, dos de los científicos más grandes del siglo XX, estaban convencidos de que las grandes leyes de la naturaleza tenían que ser bellas. ¿Y qué se quiere decir cuando se expresa que una ecuación es bella? Pues lo mismo que al afirmar que un poema es bello. Al igual que en una forma de arte, en un ecuación bella se pueden encontrar ocultos significados que nada dicen al profano pero que poseen un misterioso atractivo para aquel que penetra en sus símbolos.

El concepto de belleza era especialmente importante para Einstein; el científico más preocupado por la estética del siglo XX. En palabras de su hijo Hans, “Su carácter se parecía más al de un artista que al de un científico al uso. Por ejemplo, su mayor aspiración para una buena teoría no era que resultara correcta o exacta, sino que fuera bella. En cierta ocasión dijo que las únicas teorías físicas que estamos dispuestos a aceptar son las que resultan bellas.”

Espero que estas breves líneas sirvan al lector para meditar sobre la unidad intrínseca de todo conocimiento y que sepa dar un salto desde las categorías que establecemos los hombres a la Sabiduría Primordial de la que nacen todas las ideas y todas las cosas. Hay una sola fuente de conocimiento, y quizás se encuentre en el fondo de nuestro corazón.

 

 

 

 

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