Entre dos de las civilizaciones más grandes y longevas de la humanidad, India y China, hay una civilización que se encuentra en el sudeste asiático, en la península de Indochina, conocida como Civilización de Angkor o Jemer.
Los países que actualmente forman parte de esta región del continente asiático son: Myanmar (antigua Birmania), Tailandia, Camboya, Laos y Vietnam.
A nivel cultural, religioso y espiritual, la cultura Jemer está muy estrechamente vinculada a la India y a nivel de población, con sus diferentes grupos étnicos a través de siglos de corrientes migratorias, está muy vinculada con China.
A nivel geográfico es un territorio con grandes llanuras, surcadas por importantes y caudalosos ríos, donde en épocas de lluvias o monzones, la tierra queda anegada y da lugar a cosechas en abundancia. La combinación de tierra fértil, agua en gran volumen, un clima especialmente benigno y un uso inteligente de estos recursos propició el florecimiento de una importante cultura. Esta civilización brillante, con importantes logros a nivel tecnológico y de ingeniería hidráulica, todavía hoy aún presenta muchos misterios para descubrir y resolver.
Fue una civilización que basó su prosperidad en el medio agrícola, en especial, en el cultivo del arroz. También hubo importantes intercambios comerciales por vía terrestre, marítima y especialmente fluvial. Las necesidades de la población estuvieron cubiertas y, aunque hubo periodos de guerras y enfrentamientos, también ha habido periodos de paz. Se vivieron épocas de prosperidad y esplendor, con un gran flujo de personas, productos, ideas, religiones, además de fraternidad entre los diferentes grupos étnicos, …
Los medios y recursos actuales nos han ayudado a conocer las imponentes construcciones y estructuras de esta maravillosa civilización.
De la capital de este Imperio, Angkor, hoy día queda un conjunto de templos que en su origen estaban en el centro de la ciudad. Los templos, al ser de piedra, en muchos casos están en pie y en relativo buen estado de conservación. Por otro lado, las viviendas y palacios desaparecieron al estar construidos con materiales menos duraderos, madera principalmente.
En cuanto a religión y espiritualidad, en sus inicios, los jemeres adoraban a los espíritus de la Naturaleza y a los ancestros. Con el paso del tiempo, y bajo la influencia India tuvo gran influencia el hinduismo, en especial los cultos a Vishnu y Shiva. Más tarde hizo aparición el budismo, inicialmente de la rama Mahayana y por último, en tiempos de decadencia, la rama Theravada.
Características de la civilización de Angkor
Cuando nos proponemos la tarea de investigar una civilización de la que nos separan unos siglos de nuestra época actual, debemos recurrir a las fuentes escritas, la arqueología, el simbolismo, la escultura, la arquitectura, la ciencia y la tecnología con sus nuevos avances. Cuando se trata de la civilización de Angkor o Jemer, vamos a ver lo que ha llegado hasta nuestros días y a partir de allí vamos a poder descubrir, lo extraordinaria y desarrollada que llegó a ser.

Es una civilización que logra plasmar en lo terrenal y material, lo espiritual sin olvidar aspectos prácticos relacionados con la ingeniería, el aprovechamiento e inteligente gestión de los recursos naturales y humanos.
A través de un conocimiento profundo de la naturaleza, el Cosmos, la Astronomía, las matemáticas, el ciclo de las estaciones, el ser humano, las divinidades… logra llevar a cabo la plasmación de una civilización duradera en el tiempo, dándonos un ejemplo de las capacidades como seres humanos que podemos llevar a cabo.
Enfatizan en lo sagrado el uso de materiales duraderos como la piedra para reflejar lo eterno. Por otra parte, en las cosas transitorias o del día a día, usan otro tipo de materiales menos duraderos y en los que se necesita más renovación como el uso de la madera o las fibras vegetales.
Hay una planificación, organización y gestión de los recursos y potencialidades del territorio, clima, recursos y ciudadanía en que de forma coordinada se va plasmando las necesidades humanas y los centros de culto religioso y espiritual, en unos diseños y medidas de gran belleza, envergadura y complejidad.
A nivel técnico, se usan grandes bloques de piedra de 1,5 toneladas de peso y transportados desde una cantera a 50 km de distancia, a través de canales. Los bloques son montados en la estructura y a partir de allí se esculpen desde arriba hasta abajo.
A nivel cósmico y de geografía sagrada están perfectamente situados y orientados a un nivel de precisión sin fallo alguno.
A nivel artístico, una gran elaboración y gran riqueza en detalles y simbolismo con grandes enseñanzas en sus relieves esculpidos.
Los reyes constructores de Angkor
En el contexto de un imperio, reino o civilización es fundamentalmente importante tener en cuenta no solo el aspecto religioso y espiritual sino también la unidad de un grupo humano numeroso en un territorio amplio y durante un periodo prolongado de tiempo.
En este proceso de plasmación interviene el liderazgo de seres humanos con capacidades especiales para poder afrontar unos elevados niveles de responsabilidad, sacrificio y amor por los demás. Se exige la superación de limitaciones, sacrificar comodidades, poner la vida y salud en peligro, llevar a cabo tareas arduas, difíciles y de gran complejidad.
En esta civilización, el prototipo de los héroes fue encarnado por reyes constructores, que a través de cuatro siglos van a llevar a los jemeres a vivir la realización de un sueño hecho realidad a base de voluntad, amor e inteligencia.
Estos reyes, en su periodo de reinado, van a construir, conservar y defender los logros conseguidos por sus antecesores. Se trataba de terminar aquello que había quedado sin acabar y empezar con nuevos proyectos, conservando y defendiendo lo logrado.
En la secuencia se presenta una lista con los diez reyes más destacados de Angkor, cronología y sus obras. Estos reyes gobernaron el imperio jemer entre los siglos IX y XIV. Sus nombres incluyen la palabra Varman, que significa “armadura” o “protector”.
- Jayavarman II: (802-850) Fundador del Imperio jemer en el año
- Indravarman I: (877-889) Constructor del primer baray (embalse), del Preah Ko y el
- Yasovarman I: (889-910) Trasladó la capital a Angkor y construyó el Lolei Phnom
- Jayavarman IV: (924-942) Trasladó la capital a Koh
- Rajendravarman II: (944-968) Constructor del Mebon Oriental, el Pre Rup y el
- Jayavarman V: (968-1001) Supervisó la construcción del Ta Keo y el Banteay
- Suryavarman I :(1002-1049) Extendió el imperio a gran parte de Laos y
- Udayadityavarman II: (1049-1065) Constructor del Baphuon piramidal y del Mebon
- Suryavarman II: (1112-1152) Legendario constructor de Angkor Wat y el Beng
- JayavarmanVII: (1181-1219) Constructor de Angkor Thom, el Preah Khan y el Ta
Los dos últimos reyes, Suryavarman II y Jayavarman VII, son los reyes más destacados de esta civilización, por la envergadura de sus proyectos y su trayectoria vital.
Síntesis histórica del Periodo Angkoriano
La civilización jemer abarca un periodo de poco más de 600 años, desde su fundación en el año 802 con Jayavarman II ( 802-850) hasta 1432 que se abandona la ciudad, para trasladar la capital a la actual Phnom Phen, capital de la actual Camboya.
En los inicios había diferentes reinos en los territorios de la actual Camboya, en la zona del lago Tonle Sap, que guerreaban entre sí. Jayavarman II después de varios años y esfuerzos, logra unificar varios reinos en uno solo y él es el primer rey de una saga de reyes constructores, guerreros y civilizadores.
Él empieza la primera obra arquitectónica de esta cultura: un templo-montaña en Phnom Kulen que simbolizaba la morada del dios Shiva en el monte Meru, la montaña sagrada del centro del Universo, en la religión hindú.
Años más tarde el rey Indravarman I (877-889) construye un Baray (embalse) iniciando la primera fase de un sistema de riego que crearía un sistema hidráulico para que en un futuro se pueda establecer una gran ciudad. Así se cubrirían las necesidades domesticas de sus habitantes, para la irrigación de los campos, el transporte de productos, alimentos y los futuros bloques de piedra para construir los templos a través de barcos de todo tipo y también alimentar a la población mediante los peces que allí se introducirían.
Cabe decir, que cada obra, ya sean obras de tipo civil o religioso, servirá de base de experiencias para aprender y mejorar las técnicas, aprendiendo de los errores y también de los aciertos.
La arquitectura, que es aquello que nos ha dejado esta civilización hasta nuestros días, ha sido una evolución del tema central del templo-montaña, situado en una colina natural (o se construía una que fuera artificial). Hay nueve periodos con su respectivo nombre y son evoluciones de una misma idea. Con el tiempo y la experiencia lograda se mejoran los acabados, la grandeza y la complejidad, hasta llegar al máximo exponente que es el templo de Angkor Wat.

Hay que mencionar que hay altibajos, en función de cada periodo, ya que cada rey tenía un carácter y un enfoque diferente. También sus circunstancias fueron distintas, pero aun así la civilización Jemer siguió su proceso de progreso y ascenso.
Se sabe, a través de documentación que ha llegado hasta nuestros días, que había una administración eficaz y muy jerarquizada a través de una red de funcionarios que gestionaba templos, hospitales, barays (estanques), la recogida de la cosecha, la corvea real (trabajar las tierras del monarca), impartían justicia a través de mecanismos de arbitraje y administraban los municipios/pueblos. En tiempos de paz todos se involucraban en el trabajo agrícola, en la construcción de los templos y en periodos de guerra eran reclutados en levas.
Se combinan periodos de gran esplendor, con otros de debilidad y falta de impulso, pero con renacimientos y desarrollo, alternándose en función de la unión del reino y la talla de sus gobernantes.
Lo que ha perdurado hoy, son las construcciones hechas a base de piedra, dedicados a templos y recintos de tipo religioso, algunos embalses, puentes y carreteras siendo un esqueleto de lo que fue en su máximo esplendor.

Angkor es lo que nos queda, de una gran ciudad de unos 1.000 Km2 habitada por una población entre 750.000 y 1.000.000 de habitantes, en la que los templos estaban en su interior.
En el siglo XIV y en el siglo XV, en particular, aparece la decadencia por diversos factores como problemas medioambientales derivados de la sobreexplotación de los recursos, la falta de mantenimiento en el sistema hidráulico, episodios de sequias e inundaciones causando graves desperfectos sumado al sitio y saqueo por parte del reino Thai de Ayuthaya.
Exceptuando el Templo de Ankor Wat, que es usado y mantenido como lugar de oración y peregrinación, lo demás queda abandonado a la selva y los elementos.
Héroes Constructores
Para lograr la plasmación de una idea o un ideal, es imprescindible la unión de mentes, corazones y manos a través de un impulso espiritual en que de lugar a seres despiertos, conscientes, útiles y felices para ser amos de su pasado, presente y futuro y recrear lo cósmico y las leyes de la Naturaleza en la materia.
Hay una mezcla de necesidad y oportunidad, que cuando es captada, surge el yo quiero, yo puedo.
No es solo un grupo humano, sino varias generaciones de forma constante y perseverante, recreando la eternidad en sus quehaceres, en el día a día, impregnando su vida de espiritualidad van a llevar a cabo la aparición de una civilización luminosa, majestuosa, refinada hasta en el mínimo detalle. Todos participan en ella. Cada integrante es un héroe. Cada uno debe superar sus pruebas, sus desafíos, las circunstancias,…
Cabe destacar que hay héroes anónimos y héroes conocidos. Solo se mencionará a dos por ser representantes de momentos cumbre, sin restar importancia a otros, ya que su contribución fue fundamental y muy necesaria. Fueron los monarcas Suryavarman II y Jayavarman VII.

Cuando Suryavarman II (1112-1152) accede al trono, logra unificar de nuevo el reino debido a una descentralización del poder, las intrigas, las luchas internas, revueltas y desordenes sociales. Consigue con su carisma y personalidad, reconducir la situación e inicia un periodo de esplendor conocido como la “Edad Clásica” del periodo Angkoriano. Es un renacimiento en varios aspectos: político, intelectual, artístico, creativo y arquitectónico.
Consigue mantener a raya los tradicionales enemigos vecinos: vietnamitas, siameses y birmanos, mediante el enfrentamiento directo y su derrota. Eso garantiza la paz, estabilidad y bonanza para concentrarse en la construcción de Angkor Wat, en especial.
Él sabe que si el reino no está en orden será difícil llevar a cabo la obra de Angkor Wat, dedicada al dios Vishnú. El deber de proteger la civilización le obliga a luchar y combatir, de tal forma que cae muerto en campo de batalla en una de sus campañas militares.
Jayavarman VII (1181-1219) accede al trono después de expulsar al pueblo invasor de los Cham, provenientes del Sur de Vietnam y que eran antiguos súbditos. Ellos se sublevaron, atacaron, robaron cuanto pudieron, destruyeron y se apoderaron de Angkor y parte de Camboya. Él logra derrotarlos y expulsarlos.

A continuación, lejos de desanimarse, emprende un gran programa de obras públicas de todo tipo para revitalizar y renacer el reino, construyendo carreteras, puentes, hospitales, carreteras, canales y Angkor Thom, la nueva ciudad de Angkor. También construye un gran número de templos, entre ellos, el Bayón. En definitiva, un constructor infatigable.
Él es el último gran rey constructor que va a llevar la civilización Jemer al más alto nivel. Con él se oficializa el budismo como religión de Estado. Las generaciones posteriores reconocen la importancia de Jayavarman VII recordándose de él como un gran gobernante, un rey con grandes virtudes.


