El quehacer principal de la Filosofía es interrogarse sobre el ser humano y su meta consiste en llegar a comprenderlo, es decir, hacer luz sobre los enigmas que presiden nuestra existencia, preguntarnos por el sentido de la vida y el mundo.

Los filósofos renacentistas solían citar aquella frase de Hermes Trimegisto, que afirma que el ser humano es un «gran milagro», (magnum miraculum) pues su naturaleza contiene innumerables secretos divinos, como intermediario entre los seres. El gran Pico de la Mirandola inicia su inmarcesible «Discurso sobre la dignidad del hombre» citando la referida expresión y glosando el texto de Hermes, admirándose de que «al hombre le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera». Tal referencia hermética viene a ser una invitación a profundizar en el conocimiento del ser humano, como segura vía hacia la transcendencia, fundamento del gran impulso civilizatorio que se produjo en aquella brillante etapa de nuestra Historia.

La antigua máxima délfica del «conócete a ti mismo y conocerás la Naturaleza y los Dioses» adquirió, en aquel tiempo del renacer de la búsqueda filosófica, un nuevo matiz sacralizador y liberador, que parte de la base de la grandeza humana, del alcance sublime de su existencia. Se deduce de ella que la búsqueda del conocimiento del ser humano, que tienen como objeto las ciencias humanas constituyen una tarea cargada de sentido, merecedora de los más denodados esfuerzos, como lo son los de aquellos que han ayudado a explicar tantas realidades humanas, revelando sus causas.

Así es, en efecto, el ser humano, un apasionante objeto de búsqueda, que nos interroga acerca de su origen, que intuimos siempre más lejano en el pasado de lo que nos indican las dataciones que nos permiten establecer las pruebas materiales de su paso. En los restos recuperados en los potentes yacimientos excavados con paciencia tratamos de escudriñar qué había en común entre aquellos remotos antecesores y nosotros, seguros de que más allá de las diferencias entre los procesos que hemos utilizado para sobrevivir, tenemos en común un destino que nos hermana y unifica.

Todas las inquietudes que construyen la cultura están encaminadas en última instancia a profundizar en el conocimiento del ser humano, sentido último de nuestros afanes, el origen de tantas huellas dejadas en la Tierra a lo largo del tiempo.

Ana Albo

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